05 julio 2007

Lo que Hiram Bingham nunca devolvió ( Universidad de Yale haría bien en devolver al Perú las cinco mil piezas arqueológicas de Machu Picchu)

Un reportaje publicado en el suplemento dominical de The New York Times, el diario norteamericano más influyente del mundo, insinúa que la Universidad de Yale haría bien en negarse a devolver al Perú las cinco mil piezas arqueológicas que Hiram Bingham se llevó en calidad de préstamo hace 95 años. Con muy mala leche, la nota caricaturiza al arqueólogo Luis Lumbreras y a la historiadora Mariana Mould de Pease. Peor suerte corren, entre otros, el ex presidente Alejandro Toledo y su esposa Eliane Karp. Aquí la historia de un intento de desacreditar la demanda peruana, también las reacciones de los aludidos y algunos silencios que dicen mucho.
Por Enrique Patriau

Una de las exhibiciones más famosas del museo Peabody, en la archiconocida Universidad de Yale, en el estado de Connecticut, está conformada por piezas arqueológicas llevadas directamente de Machu Picchu a los Estados Unidos por el mítico y controvertido Hiram Bingham, después de sus excavaciones y hallazgos en la ciudadela inca. De eso hace ya 95 años.
Bingham consiguió sacar casi 5,000 piezas gracias a que el Perú se las prestó, primero por un año y después por seis meses adicionales. Bingham murió en junio de 1956 y, desde entonces la Universidad de Yale, depositaria de este patrimonio del Perú entregado en calidad de préstamo, no las devuelve. Dieciocho meses que se han extendido por casi un siglo.
Parece absurdo pero es real. Y cuando el estado peruano, alentado por un grupo de académicos decidió gestionar la repatriación, sobrevino la inevitable polémica. El último capítulo tiene como protagonista de excepción al New York Times (NYT), que en su revista dominical del último 24 de junio publicó un extenso artículo de diez páginas narrando, desde su norteamericana perspectiva, la singular historia de lo que es en buen cristiano un despojo.

"The Possessed", es el título del informe escrito por Arthur Lubow. El autor desliza la siguiente hipótesis: los restos de Machu Picchu están bien cuidados en Yale y sería inconveniente devolverlos a un país como el Perú que no ha sabido velar por su patrimonio cultural. Se mencionan 22 piezas de oro que se robaron del Museo Inka del Cuzco, en 1993. Y tres textiles preincaicos que "desaparecieron" del Museo de Ica, en el 2004. Sin embargo, Lubow califica como "más espectacular" la pérdida de cientos de piezas del Museo Nacional de Arqueología, en 1979. Todo eso sin contar las incursiones depredadoras de los huaqueros que venden ‘sus hallazgos’ a coleccionistas peruanos y extranjeros. Según Lubaw, con una realidad tan dramática, la disputa que el Perú mantiene con Yale es de segundo orden. La verdad es que estos antecedentes no justifican de ninguna manera que piezas de valor histórico cedidas temporalmente por el Perú no sean devueltas a su lugar de origen.

"¿Dónde firmo?"

Algunas de las cerámicas y utensilios tomados del catálogo del museo Peabody, de la universidad de Yale. Bingham debió devolverlos al cabo de 18 meses. Ahora se afirma que el Perú no está en condiciones de conservar las piezas que llevan 95 años en EE.UU. Una de las principales fuentes del trabajo de Lubow es el profesor de antropología de Yale, Richard Burger, un estudioso del Perú que ha dirigido excavaciones en varios lugares como Chavín de Huantar, en Áncash. Con su esposa, Lucy Salazar, arqueóloga peruana que estudió en San Marcos, Burger organizó la exhibición "Machu Picchu: develando el misterio de los Incas" que entre el 2003 y el 2004 recorrió los Estados Unidos y exhibió muchos de los objetos que Bingham envió a Yale.

De acuerdo con Burger, cuando recién llegó a Yale en 1981, las piezas peruanas no se hallaban en buen estado. Incluso, algunas necesitaban un "desesperado trabajo de conservación" (lo que revela que también en Yale se cuecen habas). Buscó la cooperación del gobierno peruano para preparar una primera exhibición, pero no tuvo éxito. Pasaron los años y, por iniciativa de un amigo que colaboró en la campaña presidencial de Alejandro Toledo, Burger y Lucy Salazar consiguieron reunirse con Eliane Karp en agosto del 2001. Karp les pidió una propuesta por escrito y les solicitó reunirse en otra ocasión.

Eso no ocurrió sino hasta un año después, en agosto del 2002, en Palacio de Gobierno. Si hemos de creer en lo que publica Lubow, la escena que allí tuvo lugar rayó entre lo insólito y lo cómico. Burger y Salazar esperaron una hora y media hasta que Karp los recibió. Cuando pasaron a la habitación, encontraron, además de la ex primera dama, al arqueólogo Luis Guillermo Lumbreras, por entonces a cargo del Instituto Nacional de Cultura (INC). Toledo ingresó poco después. Entonces, según el NYT, tuvo lugar el siguiente diálogo:

- Toledo: Ya vi la propuesta (de Burger). Me parece muy buena. ¿Dónde puedo firmar? Quiero estar en la inauguración de la exhibición.
- Karp (con el dedo levantado): Tú no vas a ir a ningún lado.
- Toledo (arreglándose el nudo de la corbata): Bueno, yo debo regresar a mi Consejo de Ministros. Todos los temas culturales están en manos de Eliane.
Luego de que el ex presidente se fuera, Karp le indicó a Burger que quería todas las piezas de vuelta al Perú.

Artículo tendencioso

Entre Burger y Lumbreras (a quien Lubow define en su reportaje como un "carismático marxista") existe rivalidad académica a raíz de las investigaciones que ambos han efectuado sobre Chavín de Huantar. Burger cree que Lumbreras influyó en Karp para exigir la repatriación de los objetos que están en poder de Yale. Según el antropólogo norteamericano, Karp es una "criatura de los sesentas, (con ideas) de París y Berkeley, de los derechos de los indígenas. Para Karp, Lumbreras es la reencarnación del ‘Che’ Guevara". Entrevistado por ‘Domingo’, Lumbreras niega tajantemente haber influido en Karp. No recuerda la reunión reseñada por Lubow, a quien acusa de haber escrito un artículo "poco honesto".
No le falta razón. El texto se dedica a caricaturizar a todos aquellos que desde el lado peruano, se han pronunciado a favor de la repatriación. No solamente a Karp o a Lumbreras. Lubow también dedica buena cantidad de tinta para dejar mal parados a otros personajes como José Koechlin, fundador de Inkaterra (organización dedicada a la conservación y protección de la biodiversidad) y Terry García, vice presidente ejecutivo de la National Geographic Society. Según el NYT, ambos tienen intereses comerciales y personales en perseguir el retorno de las piezas arqueológicas.

Lubow se muestra especialmente tendencioso e injusto con la historiadora Mariana Mould de Pease, presentada en el artículo como una "excéntrica" mujer empeñada en conseguir el retorno de la colección desde Yale. "Muy aparte de las necedades que me puedan decir, lo realmente preocupante es que el gobierno peruano no responda una línea. De lo que se lee en el New York Times, uno infiere que no existe una política cultural en el país", declara a ‘Domingo’.
Mould se siente particularmente intrigada por el hecho de que en el artículo no declare la actual directora del INC, Cecilia Bákula. "A ella le correspondía salir", señala. Lo que más le ha llamado la atención, no obstante, es el hecho de que el ministro de Vivienda, Hernán Garrido Lecca, haya sido nombrado por el gobierno, jefe del equipo negociador con la universidad norteamericana. Al menos eso es lo que se afirma en el NYT. "Aparecen declaraciones suyas, pero solamente dice que quiere llegar a un acuerdo, sin explicar cómo", precisa Mould.

Machu Picchu, 1911. Hiram Bigham durante excavación.‘Domingo’ quiso confirmar con el propio Garrido Lecca si la información era correcta, pero sus obligaciones fuera de Lima hicieron imposible una comunicación. También llamamos al INC para averiguar sobre el proceso de repatriación y se nos respondió que el INC no es la entidad portavoz oficial en este tema. Algo parecido nos respondieron en la Cancillería, específicamente en la Subsecretaría de Política Cultural: "La oficina no ve el tema. Escapa a nosotros por consideraciones especiales".

En su defensa de la posición de Yale, Lubow explica que las piezas peruanas han servido para que los investigadores de la universidad arriben a conclusiones muy valiosas sobre Machu Picchu. "Si en más de 90 años no han podido averiguar todo lo que han querido, pues nos toca a nosotros. ¿O creen en Yale que son los únicos con intereses científicos?", responde Lumbreras. Los restos (huesos, cerámicas) no poseen un valor metálico. "Es lo que quedó después del saqueo de los españoles en el siglo XVI, durante la extirpación de ideologías", añade. Su peso es estrictamente histórico, y académico y, por ser de origen peruano, debería descansar en manos peruanas.

Yale oculta información al Perú

Luis Guillermo Lumbreras recuerda que encargó a Blanca Alva, actualmente a cargo de la Dirección de Defensa del Patrimonio Histórico del INC, que hiciera una transcripción del inventario de los restos de Machu Picchu en Yale, que aparecía publicado en la página web de la universidad. Según Lumbreras, Alva terminó su trabajo, pero poco después la información en la página web de Yale fue levantada. Eso también lo confirma Mariana Mould de Pease. "En un congreso de estudiantes en Ayacucho instamos a los estudiantes a revisar el catálogo, pero en cuanto comenzaron lo retiraron. Seguramente se enteraron de que entraban muchas visitas desde el Perú. Para mí es una demostración de la mala intención que hay en Yale. La información científica jamás se esconde", señala.

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