02 agosto 2007

Abrapalabra: Rafo León " Ecología y vida cotidiana: de ratas peludas y equívocos discursos sobre medio ambiente" ( Revista Somos)

En Defensa de los Derechos
Humanos
" Ecología y vida cotidiana: de ratas
peludas y equívocos discursos sobre medio ambiente"
Para quienes de niños matábamos el tiempo quemando chanchitos de jardín con fósforo, adoptar el discurso ecologista implica un esfuerzo súper numerario. No me resulta demasiado difícil conmoverme ante la foto de un otoronguito en peligro de extinción; finalmente su rostro tiene la expresión de un perro faldero y para sus ojos tiernos no demanda ningún exceso histriónico trnsmitir desprotección. Con los escarabajos, arañas, alacranes y piojos la cosa ya no me resulta tan sencilla. Hace un par de semanas fui a almorzar en Guayaquil con unos amigos ultra conservacionista. Como todos estábamos sin plata, terminamos en el gourmet court de un gran centro comercial. En el preciso momento en el que estaba yo por recibir mi plato de ensalada de manos de la señorita, cayó del techo una rata del tamaño de una salamandra, negra como la vida misma y peluda como el más allá. El golpe seco, el chillido, el animalón cerca de mi almuerzo, me pusieron en histeria. Sin embargo, tuve que respirar hondo y seguir como si nada hubiera pasado ante la mirada de censura de mis compañeros, para quienes esa alimaña asquerosa forma parte de una cadena de vida de la que depende el enfriamiento de la atmósfera y por tanto, el futuro de mis hijos.
Leo en Internet que en las ciudades de Escandinavia ( cuándo no) se está imponiendo el uso doméstico de unos baños composteros absolutamente amigables con el medio ambiente. No usan agua corriente sino que se impulsan con aire comprimido como única energía. Así, los desechos humanos, mediante un empujoncito de compresora natural, pasan a una caja herméticamente cerrada donde permanecen durante unos cuatro meses. Transcurrido ese periodo ya no tenemos excrementos sino compost, que va a las macetas del balcón donde se cultiva zanahorias hidropónicas, perfectas para nutrirse sin necesidad de ingerir ninguna clase de fertilizante químico. Me puedo imaginar que esa opción, algo así como el verdadero ciclo vital hecho en casa, pueda funcionar entre los Larsen de Upsala, tan cuidadosos con las exigencias de la vida sana y el respeto a los demás. Prefiero no pensar en cómo usaría su baño compostero una vecina que tengo, que tira su basura por la ventana al jardín del edificio, sobre la certeza de que así mantiene su departamento lindo, precioso y limpísimo. Tanta fobia a los desechos no parece combinar mucho con la saludable opción de guardar al lado de la despensa de tu cocina una caja llena de caca durante cuatro meses, para cumplir con la tarea noble del reciclaje.
Sé que se ha hecho estudios entre los habitantes de los pueblos jóvenes vecinos de la planta Luchetti y parece que en los focus groups la gente dice no entender qué importancia pueda tener una garza raquítica que, encima, es una migratoria ingrata. La culpa de todo esto corresponde sin duda al pésimo manejo público que se hizo de este sonado caso, donde nadie aprendió una palabra sobre ecología y todo el mundo ratificó su tesis de que la política es otro de los fétidos detritus humanos.
Cuando uno conversa con ciertos ecologistas se lleva la impresión de que el principal enemigo de la naturaleza es el hombre y no me queda la menor dudas de que es así. Sin embargo, tampoco se puede ir por el mundo tan fácilmente diciendo que para proteger los bosques lo primero que hay que hacer es acabar con la presencia humana. Planteadas las cosas de esa manera, no sorprende que mucha gente que pasa hambre en Madre de Dios, esté exigiendo que se amplíen las zonas de tala para tener trabajo. Del discurso ecologista solo hemos recibido hasta hoy lo que corresponde a la protección de la naturaleza pero no su relación con el desarrollo. Es como ir en el auto pensando en la última campaña de World Wildlife Foundation, y al primer niño que se acerca a la ventanilla a pedir diez céntimos, querer abollarlo a patadas para que desaparezca del environment. A este paso, va ser políticamente incorrecto repetir el estúpido chiste ese donde se cuenta que Mickey Mouse lloraba sin parar. Viene Pluto y le pregunta , " ¿Qué te pasa? "; y entre sollozos el protagonista de FANTASÍA, responde" ¡ Me he enterado de que mi mami es una rata.!"
Fuente: Revista SOMOS del COMERCIO (Sábados) Años
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