08 abril 2008

Aporte de las áreas naturales protegidas a la economía nacional - León Morales, Fernando (2007) Lima: INRENA, 140 p. PDF Download

El Instituto Nacional de Recursos Naturales (INRENA) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID-Perú) presentaron el libro “El Aporte de las Áreas Naturales Protegidas a la Economía Nacional”. La obra revela el valor de los beneficios de la diversidad biológica, especialmente de aquella que se encuentra en las áreas naturales protegidas del país.

La presentación de dicho trabajo estubo a cargo del ex jefe del INRENA, Isaac Roberto Ángeles Lazo, y del director de USAID-Perú, Paul E. Weisenfeld. Participaron como comentaristas Richard Webb, director del Instituto del Perú de la Universidad de San Martín de Porres, y Antonio Brack, director del Programa La Buena Tierra.

Además asistieron Alberto Paniagua, director ejecutivo del Fondo Nacional para Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Profonanpe) y José Salazar, presidente del Consejo Directivo de la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass).

La publicación constituye un gran aporte en los esfuerzos por la conservación de las áreas protegidas por el Estado para alcanzar el desarrollo sostenible.
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Una de las presentaciones:

Por Luís Alfaro Lozano

Las áreas naturales protegidas son una pieza fundamental para la conservación de la biodiversidad en nuestro país. Además de representar una fuente primordial de ocupación para decenas de miles de familias que dependen del turismo, prestan servicios ambientales esenciales para las poblaciones vinculadas a ellas; son de gran importancia para la construcción de ciudadanía y para salvaguardar nuestro patrimonio natural y cultural; a la vez que posibilitan la generación de conocimiento por las oportunidades que ofrecen para la investigación científica y la educación ambiental.

Si bien la tarea de mantener la integridad de las ANP está llena de dificultades, también lo está de entusiasmo al ver cómo nuestros guardaparques y profesionales trabajan eficazmente día a día para que los servicios de la áreas protegidas se continúen suministrando al país.

Acaba de aparecer un artículo en Science, con una buena noticia sobre el impacto positivo de las ANP y tierras de comunidades indígenas en la protección de la cobertura boscosa de la Amazonía peruana. El trabajo estuvo a cargo de un equipo de Carnegie-Stanford (EE.UU.), que en el artículo muestra con claridad cuán importante es el aporte del SINANPE a la conservación de nuestros bosques, al tiempo que justifica plenamente el desarrollo de alianzas estratégicas con las comunidades nativas de nuestra Amazonía.

No obstante, la labor del INRENA y sus socios tropieza con grandes dificultades, particularmente por la urgencia de un tema recurrente y poco atendido: el de asegurar un flujo estable de recursos a las áreas naturales protegidas, en especial para garantizar el financiamiento a largo plazo de sus operaciones básicas.

En el INRENA venimos desplegando importantes esfuerzos para incrementar el presupuesto de las ANP, tanto el proveniente del tesoro público e ingresos propios como el de donaciones. En este último aspecto, sin duda, los recursos de la cooperación internacional han contribuido y contribuyen de forma decisiva al funcionamiento del SINAMPE. Sin embargo, un sistema cuyo presupuesto depende de un 80 % de financiamiento externo no resulta sostenible en el largo plazo.

Un instrumento para el crecimiento de nuestro presupuesto es el PROFONANPE, en su calidad de administrador del Fondo Nacional para las Áreas Naturales Protegidas por el Estado. Su papel en los próximos años será crucial para diversificar las fuentes de recursos que ingresen al SINANPE, así como para apoyar al conjunto de las ANP establecidas en el país.

Pero para ello se requiere contar con una estrategia financiera que permite que las ANP tengan fuentes más diversificadas, dependan menos de las donaciones y sea mayor el aporte del Gobierno nacional al presupuesto del Sistema. Hoy vivimos un interesante contexto que favorece este propósito: por ejemplo, el Perú se ha comprometido a financiar la presencia de una mayor cantidad de guardaparques en las ANP debido a la próxima suscripción del TLC con Estados Unidos; así mismo, el país está siendo visto como un sitio prometedor para inversiones en “emisiones evitadas” o “ deforestación evitada”, con lo cual el mercado de carbono en el futuro podría representar una interesante competencia en aporte de divisas.

En cuanto al financiamiento de cada ANP, necesitamos mejorar nuestra capacidad de gestión, a fin de concretar alternativas innovadoras de recaudación. Es preciso elevar el compromiso organizacional para mejorar la recaudación, diversificar las fuentes de ingreso y optimizar nuestro sistema de cobro. Para ello, sin duda se requerirá, además de capacitación e incentivos, contar con un perfil idóneo de los jefes de áreas que permita impulsar esta tarea.


El marco descrito sirve para entender el importante aporte que constituye este libro, donde se muestra el valor de las ANP desde un enfoque básicamente económico. Si bien la valoración económica de las ANP es un tema aún en discusión , fundamentalmente porque están debatiéndose los métodos para cuantificar estos valores, lo que no está en cuestión es la necesidad de hacerlo, en la medida en que los bienes y servicios ambientales que brinda las ANP son esenciales para nuestro desarrollo sostenible como país.

El aporte de las ANP debe ser cuantificado no para el efecto de determinar qué “vale” más. Antonio Machado decía que “todo necio confunde valor y precio”; no caigamos en el grave error de proponer una competencia entre sectores económicos, que no tiene sentido. La valoración económica es un instrumento más que nos ayuda a tomar decisiones considerando estos aspectos, y en buena hora que así sea.

A propósito de modelos matemáticas, un profesor nos decía que había que tener mucho cuidado en su aplicación y saber cuándo son útiles y cuándo no lo son (ya que es muy importante conocer sus limitaciones). Siempre recuerdo su frase: “ un perro es un gato, más un error”, que me ha servido para preguntar:¿para qué sirve y para que no sirve un instrumento que busco describir el mundo que nos rodea?

Cuando uno lee cifras proporcionadas por algunos ecólogos y economistas sobre el valor total de estos ecosistemas naturales esto es, el total de servicios que proveen a la humanidad, ve que esta bordea los 30 trillones de dólares al año. Uno podría decir, “¡Esto es más que el producto bruto nacional de todas las naciones juntas!”. Pero también cabria opinar, “no me impresiona, es sólo artificio matemático”.

En una entrevista a Edward O. Wilson respecto a este asunto, éste respondió que: “… salvarlos y utilizarlos [los recursos vivos del mundo: los ecosistemas y sus especies] en forma mas completa y no intrusiva es económicamente valioso para todos nosotros. Destruirlos es forzar a la humanidad a vivir en un mundo artificial, en el cual estaríamos obligados a ocuparnos a diario de manejar nuestros sistemas de agua, nuestros suministros de alimentos y nuestra atmósfera, en vez de depender de poderosos organismos que se encargan de hacerlo por nosotros”.

Las cifras se pueden discutir; lo que no está en discusión (o no debería estarlo) es el hecho de que tenemos un valioso patrimonio de altísimo valor y que todos somos responsables de cuidarlo, administrarlo sabiamente y hacerlo conocer. En el fondo, es algo que tiene que ver con el modelo de desarrollo que queremos para nuestro país.

Lima, agosto 2007

Luis Alfaro Lozano
Intendente de Áreas Naturales Protegidas (en ese entonces)
INRENA

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Fuente: Instituto del Bien Común - IBC

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