10 mayo 2009

Abrapalabra: El Guía del Hortelano - La protesta de los guías turísticos de Cusco y el rostro de la antimodernidad - Rafo León

Se acababa de dar la norma, aún hoy vigente, según la cual solo pueden trabajar como guías turísticos en Cusco quienes han hecho una carrera superior en la materia. Yo tenía que recorrer el camino Inca para una publicación especializada y requería por tanto de un guía que fuera un tigre. La nueva normatividad me puso, en cambio, a una especie de flancito, fofo, debilucho, que nunca había pasado de hacer City Tours para gringas viejas pero cuyo perfil encajaba perfectamente en el reglamento.

Desde que lo vi me dije, perdí, con este no llego a ninguna parte. Y así fue. Para comenzar, yo – duplicándole la edad – caminaba tres veces más rápido que él, pero lo peor era su desinformación.  Por ejemplo, me detenía ante una flor amarilla del bosque tropical y le preguntaba a la gelatinita que tenía por guía, “¿Cuál es el nombre científico de esta planta y cómo la conocen los lugareños?”. El pudincito miraba, titubeaba, le tomaba una foto a la flor y me decía, “al regreso en el Cusco te contesto”. Lo mismo con los restos arqueológicos, los cirros, las estadísticas, los precios y las distancias. ¡Cuánto extrañé a mis amigos, viejos, corridos, conocedores como nadie de estos lugares, que fueron los pioneros en abrir trocha para la gente audaz y bizarra de todo el mundo que venía a Cusco a buscar lo imposible! Estos amigos, algunos peruanos otros de cualquier parte, por décadas habían vivido haciendo guiados impecables, pero con la nueva norma quedaban confinados a una función que se llama Tour leader, que es algo así como el asistente del guía, el que se encarga de tramitar los permisos, vigilar los soroches y comprar la comida.

Guiado en carne propia

Desde hace quince días hasta hoy cuando escribo, 2 de mayo, los guías turísticos de Cusco están bloqueando la vía férrea que va a Aguas Calientes y amenazan con tomar la mismísima ciudad de Machu Picchu, contra una modificación a la Ley de Turismo que el MINCETUR está impulsando, mediante la cual se crea una Certificación de Competencias Laborales en el tema del guidismo. Se trata con esta de flexibilizar los requisitos que hoy se exigen, para permitir que en el Turismo Rural Comunitario tanto como en ciertas formas de viajerismo muy especializado- como la observación de aves, de orquídeas, o la búsqueda de experiencias místicas- el guiado pueda ser ejercido por alguna persona de la comunidad o algún conocedor del tema específico, que antes haya acreditado sus conocimientos para hacerse merecedor de la mencionada certificación. Debo decir que en este tema estoy de acuerdo con la propuesta del Ejecutivo, en gran medida porque conozco los esfuerzos del MINCETUR por sacar adelante emprendimientos de comunidades y empresas campesinas que aspiran a entrar al mercado turístico con iniciativas muy originales que tienen una demanda creciente en todo el mundo. Y debo decir que cuando uno va a alguna de estas comunidades a quedarse unos días, no hay nada que se compare con recibir el guiado de parte de una persona de allí, que te cuenta la historia de cada piedra entramada con la suya propia, con la de sus abuelos y con su vida cotidiana; imposible que un guía foráneo, por más doctorados cum laude que tenga, sea capaz de transmitir.

Turismo de escritorio

Este caso, el de la protesta de los guías cusqueños, es digno de estudio. Allí están todos los elementos de la antimodernidad: bloqueo a la competencia, gremialismo cerrado, legalismo burocratizante. El guía que no acepta esta innovación, no tiene ningún interés en que el turismo peruano mejore y, aunque parezca paradójico, se profesionalice de verdad. Lo que busca es una suerte de estabilidad laboral que le garantice su trabajo y su sueldo, así sus clientes franceses regresen a su país convencidos de que la flor amarilla del Camino Inca se llama geranio y crece muy bien en las macetas de Lima. Acá si hay perro del hortelano, y es importante reconocer que quien tiene la razón es el gobierno, pues la propuesta se sustenta en proyectos de inclusión social. Y si no, el flancito.

Fuente: Revista SOMOS del COMERCIO (Sábados) Abrapalabra
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Nota: La foto adjunta al final del artículo fue tomada durante mi viaje a Laguna de Cóndores, acompañado del guía local más joven de Leymebamba - Chachapoyas, excelente información, buen cocinero  e incansable caminante. Lo pueden ubicar en el Hostal Laguna de los Cóndores, se llama Mardin Aguilar Roman.

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