20 septiembre 2010

Santuario Nacional Megantoni: La selva de los espíritus

Creada en el 2004, esta área natural protegida es para los matsiguengas un territorio sagrado. La actividad extractora del gas de Camisea mete las narices.

CUSCO. El pongo de Maynique es un escenario natural de belleza sobrecogedora, un estrechamiento del río Urubamba formado por dos inmensas paredes de rocas en las que abundan cataratas, mariposas, guacamayos, peces y asoma alguno que otro nativo que se atreve a cruzar sus aguas bravas en balsa o en canoa, solo cuando no es época de lluvias y la corriente es menos peligrosa. En agosto llueve muy poco en la Amazonía, de modo que las aguas están verdes y transparentes, el sol brilla por entre las aguas y las rocas, y se forman playas de arena blanca suavecita donde los matsiguengas pasan días y noches, pescando y durmiendo bajo las estrellas. Antes y después del pongo de Maynique se ven comunidades nativas, pero nadie se atreve a vivir dentro de él, pues es un lugar que ellos siempre han considerado sagrado, un lugar que aman, respetan y temen.

Un túnel subterráneo

Este escenario de gran valor espiritual para los matsiguengas es lo que hoy se llama legalmente Santuario Nacional Megantoni. El Decreto Supremo N° 030-2004-AG, publicado en el diario “El Peruano” el 18 de agosto del 2004, establece que el objetivo principal del santuario es “conservar, con carácter de intangible, los ecosistemas que se desarrollan en las montañas de Megantoni, los cuales incluyen 10 zonas de vida que albergan bosques intactos, fuentes de agua como las cabeceras de los ríos Timpía y Ticumpinia y altos valores culturales y biológicos, entre los que destaca el Pongo de Maynique, lugar sagrado para el pueblo matsiguenga”.

¿Cómo explicar a los matsiguengas que lo que en el año 2004 era considerado zona intangible, tan solo seis años después es susceptible de ser atravesado por un tubo que transporta gas? Algunas federaciones matsiguengas se oponen al proyecto de Transportadora de Gas del Perú (TGP) de construir un túnel de 4 metros de ancho por 3,60 metros de alto, que atravesaría el subsuelo del santuario por más de 4 kilómetros para introducir un ducto que transportará gas natural hacia la costa.

Por lo pronto, el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) presentado por TGP ha sido observado tanto por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) como por el Ministerio de Energía y Minas. La empresa tendrá que subsanar tales observaciones.

Los matsiguengas sienten que las montañas de piedra se van a enfurecer si algo o alguien intenta romperlas. Su carácter apacible se debe, en parte, a que tienen temor a la ira, al enfurecimiento ya que, según su cosmovisión, este hecho rompería el equilibrio natural del universo.

Selva de Contradicciones

Mientras paramos para nadar en una playa del pongo de Maynique, vemos pasar botes que llevan balones de gas a las comunidades. Este gas viene de Lima y les cuesta de 60 a 80 soles, según la distancia que haya que recorrer. Un lujo que casi nadie se puede dar y que obliga al 91,7% de la población a talar árboles para cocinar. Al cierre de este informe, todavía no se cumple el acuerdo de reducir el precio del gas para la zona. El 76,8 % del ámbito rural no cuenta con alumbrado eléctrico.

Jackie Binari (26) es una joven abogada matsiguenga que gracias al apoyo de los sacerdotes dominicos de la comunidad nativa Koribeni pudo estudiar Derecho en la Universidad Andina de Cusco, y que ahora trabaja como coordinadora institucional del Comaru (Consejo Matsiguenga del Río Urubamba). El Comaru agrupa a 30 comunidades del Alto, Medio y Bajo Urubamba. Jackie Binari tiene una sólida opinión respecto de la situación de sus hermanos matsiguengas: “Son casi 30 años que se viene promoviendo el proyecto Camisea y la realidad de las comunidades nativas del Bajo Urubamba es lamentable. No se han visto avances en su desarrollo. Aunque reciben compensaciones, estas no han logrado que las comunidades puedan alcanzar un desarrollo sostenible. Las compensaciones son en dinero. Hay migración de jóvenes por trabajos de corto plazo y de mano de obra barata, y pérdida de identidad cultural. El canon no llega, en el municipio de Echarati dicen que es por la burocracia del SNIP (Sistema Nacional de Inversión Pública) a la hora de aprobar los proyectos. Se habla de cantidades inmensas de dinero que las comunidades no ven ni tocan. Mientras tanto, los peces se están acabando, los bosques se están desforestando, las comunidades se están monetizando, pero no reciben atención en educación ni en salud, y su relación con la naturaleza se está desequilibrando. Llevamos meses esperando la reglamentación de la Ley de Consulta Indígena. El 24 de agosto nos hemos reunido para crear un comité unificado para la conservación del Santuario Nacional Megantoni y la Reserva Comunal Matsiguenga. Queremos que se respete el santuario y que tengan en cuenta nuestra opinión. A veces nos toman por personas que no pensamos o no sentimos, o que por ser minoría no tenemos capacidad de participar en este proceso. La Amazonía no debe verse solo como un lugar de extracción de recursos”.

Por: María Luisa Del Río L Colaboradora
Fuente: El Comercio

1 comentario:

jadenu2003 dijo...
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