04 enero 2011

Entrevista a Rafo León “El Perú es un adolescente que no sabe a dónde ir”

Casi treinta años como periodista y columnista en medios escritos. Guía incansable del programa Tiempo de viaje que en diciembre cumplió once años y en el que ha mostrado al menos 300 destinos de nuestro país, Rafo León es ante todo un conocedor del Perú, de sus rutas, sus defectos y sus bondades. En esta entrevista habla de sus experiencias, anécdotas y opiniones. Esas que solo la mirada atenta de un viajero puede advertir.

Por María Isabel Gonzales

“No se viaja hacia un lugar sino hacia una experiencia”. Para Rafo León esa es la regla antes de iniciar una ruta. Este limeño de 60 años que ha recorrido gran parte del Perú y que aún no se cansa de admirarlo asegura que para disfrutar un viaje hay que dejar de ser uno mismo y estar dispuesto a la aventura. Es su filosofía y si el resto no está de acuerdo “deberían preguntarse para qué viajan: ¿solo para hacer fotos y mostrar a los amigos?”. Como buen viajero, ya tiene en mente recomendaciones para los próximos meses. “Hay que empacar hacia el norte ya que en esta temporada de lluvias es muy difícil viajar a la sierra o la selva. Aunque si alguien quiere aventurarse, puede también ser una experiencia única”.

Si a alguien le preocupa repetir destinos, Rafo tiene una teoría: puedes regresar diez veces a un lugar y siempre habrá experiencias que lo conviertan en algo nuevo. “Acabo de grabar un programa en Trujillo en las huacas. ¿Qué puede ser más cliché? Y sin embargo ha resultado muy interesante. En la huaca de La Luna grabamos el museo –que no lo había grabado nunca– y Chan Chan, que en lugar de enfocarlo por el lado arqueológico resalté su estética. A eso le agregamos algo místico: un ritual de purificación moche. ¿Viste? Lo convertimos en algo único”.

Tiempo de viaje

–¿Cómo eligen los destinos de tu programa?

–Al inicio no había plata y había que arreglarse con poco. Íbamos adonde nos auspiciaban; podía ser una familia de Huanta como también una empresa. Pero ahora es distinto. Por ejemplo, en una época me interesaban los lugares en los que nace el agua, digamos el contraste de eso y la minería. Ahora quiero dar un enfoque místico chamánico a los puntos que visitamos. En general, el destino se decide en una discusión en equipo.

–¿Hay un lugar al que siempre volverías?

–La familia de mi padre es norteña y por eso estoy ligado al bosque seco de esa zona. Me apasiona volver, el olor del palo santo, el hualtaco, la leña y la gente. Sobre todo la energía de sus mujeres.

–¿Cuál es el peor defecto de un viajero?

–Del viajero en general, estar buscando el exotismo, el paisajismo solo para la foto. Del peruano, que es racista y que trata a la gente como si trabajara en su chacra. La tacañería; no quieren pagar por servicios por los que pagarían felices en otro país. Van a un pueblito a tomar los servicios de un curandero y quieren ducha caliente para bañarse y se quejan del polvo.

–¿Qué cambios ves en el interior del país desde que empezaste a viajar?

–La accesibilidad. Las carreteras interoceánicas más las concesiones a la Panamericana. Cuando todas se terminen vamos a tener un turismo privilegiado en América Latina. Pero ahora, si sales de Urcos –en Cusco– rumbo a Puerto Maldonado, te puede tomar 18 horas. Antes los camioneros tardaban hasta dos meses. Y también hay cosas negativas como en el Cusco, que se ha convertido en una especie de Disney. La gente posa disfrazada con sus trajes típicos para que les tomen fotos con los turistas y siguen tan pobres como siempre.

Los lugares y su gente

La recepción que reciba el viajero, advierte Rafo, dependerá de la región a la que llegue. “En Cusco y Puno hay un estándar. En esta última ciudad, por ejemplo, se ha puesto de moda el turismo vivencial: te llevan a las islas, te reciben de una forma muy cliché, te sacan a bailar, te dan papas, miras el paisajito y ya está”. Pero hay otros lugares como la selva donde la gente se resiste a eso. “El selvático es más apegado a su tierra. Es transparente, no se disfraza. Te dice: si quieres conocerme acompáñeme a buscar hierbas medicinales al bosque o acompáñame a cazar”. Y en el norte la gente es muy buena onda –dice Rafo–; sabe que con la gastronomía se meten al bolsillo a cualquiera. Le llaman la atención Trujillo, Lambayeque y Casma, lugares en los que hacen suyo el gran proyecto arqueológico moche. “Notas que los jóvenes saben de su pasado. Hasta las fachadas de las casas las decoran con la iconografía de sus abuelos”.

Pero a quienes más recuerda son a los pescadores de nuestro litoral sur. “Alguna vez una profesora de un colegio en Puerto Lomas, Arequipa, me dijo que los hijos de pescadores nacían de otra manera. No los engañas, no se dejan manipular, son fuertes, se defienden, son solidarios y vivaces. En resumen, gente extraordinaria”.

–¿Qué se está desperdiciando?

–Los personajes de cada lugar. He conocido gente increíble, entregada a su región, que sabe de cultura local, historia, ecología y que publica poemarios, leyendas. Y sin embargo son un capital totalmente desaprovechado. Conectarlos y ponerlos al servicio de la promoción cultural de sus ciudades debería ser prioridad del Ministerio de Cultura. ¿Ves ese cuadro de la pared? Lo pintó don Pedro Azabache, el último pintor indigenista en el Perú. Vive en el valle Moche y tiene más de 80 años. El día que muera don Pedro, todo su conocimiento se irá con él, y ahí está siendo desaprovechado. Otro ejemplo fue un viaje que hicimos a Incahuasi, un pueblo en la sierra de Lambayeque. Antes de ir yo había investigado instrumentos musicales que se supone ya estaban extintos, y uno de ellos era la chirimía de origen árabe. Y en este pueblito en las fiestas de la Virgen de Las Mercedes bajaron dos comuneros tocando chirimías. Lo único que puedo hacer para preservar eso es grabarlos.

–¿Lo malo y lo bueno de tus viajes?

–Basurales en las entradas de las ciudades, sobre todo en el norte, desde Huarmey hasta Tumbes. Ahí hay una explicación en la que estuve pensando, y es que –además de no pagar impuestos– creo que en las zonas periféricas de las ciudades del norte la gente no tiene claro si vive en la ciudad o en el campo. Falta gobernabilidad y también hay mucha ignorancia. Como buenos ejemplos están Moquegua y Chachapoyas, ciudades en las que funcionan los presupuestos participativos. Hay una noción de desarrollo con conservación y no de levantar monumentos delirantes que permiten robar. Y en Arequipa se da algo muy interesante: a pesar de sus problemas, no se pierde el aprecio por lo suyo, recuperan espacios, tienen una cultura local desarrollada. Como a veces digo, el norte del Perú está en Arequipa.

Sobre los políticos

–Alan García dice que este es el mejor gobierno desde la vuelta a la democracia. ¿Qué recuerdas del primero de sus mandatos?

–La sensación era de catástrofe terminal, y no solo por García sino también por el terrorismo. Carencias, corrupción y cinismo.
Recuerdo que hice conciencia del momento político que vivíamos cuando un 21 de noviembre, día de mi cumpleaños, me levanté y abrí el caño de la ducha. Salió caca porque se habían cruzado las tuberías de La Atarjea. Estuvimos 48 horas con caca en la ducha porque alguien se había robado la plata para los arreglos de las conexiones. En este gobierno, a García no le ha importado nada. Ha impuesto la inversión privada para industrias extractivas eliminando la consulta a las poblaciones locales. Se prescinde de todas las medidas contra el calentamiento global. Lo que creo es que la gobernabilidad va a estar en severos problemas si no se tiene en consideración a la población. Ejemplo: Bagua.

–¿Tiene simpatía por Alejandro Toledo?

–Antes sí, y ahora es más un sentimiento ambivalente. Creo que, al igual que García, está muy metido en el modelo liberal, pero creo que Toledo no dejaría de lado la protección medioambiental, la lucha contra la pobreza, el tema de los indígenas y la infancia. Temas que a Alan García le importan un rábano.

–¿Qué opina de la candidata del Apra, Mercedes Aráoz?

–La conocí cuando era una académica. Siempre con buena fama: seria, rigurosa, cercana a los más débiles. Pero creo que tenía un lado de vanidad y arribismo que ahora veo desbordado.

–¿Y de Luis Castañeda Lossio?

–Típico criollo peruano que descubrió que tenía caudal político, pero que es un mediocre sin visión de la ciudad y menos de un país. Cree que por la eficiencia de un sistema de peajes puede ser presidente.

–¿Ollanta Humala?

–No tiene sentido que se haya lanzado.

–¿Keiko Fujimori?

–Es una persona de última categoría que, además de pertenecer a la estirpe que pertenece, no tiene nada propio. Aglutina a gente que tuvo un papel en el gobierno de su papá y trata de blanquearlos. Eso es inmoral.

–¿Y Pedro Pablo Kuczynski?

–Ha conseguido hacer dialogar a gente que en otras circunstancias no lo habría hecho. Pero se ha rodeado de gente con la que no va a poder lograr nada a largo plazo. Es un gran lobista de gringos pero no de cholos.

–Después de tantos viajes, ¿qué idea tienes del Perú ?

–Lo comparo con un adolescente del campo que se acuesta todas las noches cansado y deprimido pensando que todos los días tiene que hacer lo mismo. De repente se despierta en la mañana con acné y una erección descomunal y se pregunta: ¿qué hago con esto? El acné puede pasar de ser un fenómeno pasajero a uno permanente si se descuida, y la erección se puede convertir en una maravilla de relación con alguien o en un hecho de violencia y de aislamiento. Así lo veo, como el despertar de un adolescente que no sabe a dónde ir y menos qué hacer con esa energía.

Perfil

• Nombre: Rafael León Rodríguez
• Nacimiento: Lima, 21 de noviembre de 1950.
• Formación: estudió Literatura y Lingüística en la PUCP.
• Trayectoria: lleva 30 años como periodista, crítico y columnista en medios escritos. Es creador de personajes como Caín y Abel, José del Salto Cadbury y la China Tudela Loveday.
• Publicaciones: La China Tudela: antología de sus crónicas, Rutas secretas del Perú. The secret by-ways of Perú, La China Tudela y la panaca real, Viajes de perro. Crónica de travesías y extravíos y Guía de la región Arequipa. Desde hace once años conduce y dirige el programa Tiempo de viaje.

Esposo, padre y abuelo

•Rafo León vive en el segundo piso de un edificio miraflorino. Para recibir a sus invitados espera en el pasadizo, saluda y abre la puerta de un departamento. “¿Prefieres que entremos en este o...?”, y ante la sorpresa de uno abre la puerta del departamento contiguo: “porque también podemos estar acá”. La explicación, dice, es que él y su esposa, Pilar Cantella, necesitan mucho espacio para trabajar. No podían pagar un gran departamento y se hicieron con dos. “Funciona a la perfección. Tenemos espacios para estar juntos y también para que cada uno trabaje en paz”.

•A Pilar la conoció en Piura cuando eran niños. “Jugábamos carnavales y en la universidad nos reencontramos. Desde entonces estamos juntos”. Ya son 38 años de matrimonio, dos hijos, Bernardo y Adriana, y cuatro nietos.

•Según Rafo, el aporte que les brindó como padre a Adriana, periodista, y Bernardo, gerente de una cervercera, lo heredó de su madre. “Hice mía esa manera de pasar la página ante cosas que la vida te pone y que son duras pero que no pueden detenerte. Si pasa algo grave, lo asumes y lo superas. Con humor, que es una defensa y un arma para aprender y seguir adelante”. Y si le preguntan por un defecto, no duda en decir que es demasiado inmaduro. “Me dejo llevar por mis emociones y a veces no pienso en el resto”.

•Pero si hay algo que recalca con la mano en el pecho y los ojos fijos en la mirada de su interlocutor es que no se considera una mala persona. “Imagino que si a alguien he dañado ha sido involuntariamente, pero no odio a nadie ni tengo sentimientos envenenados”.


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